Doble cielo

Actualizado: abr 13


Antes de Gringa. Si miro rápido para atrás, puedo asegurar que hubo mucho trabajo y búsqueda, no sólo interior, sino también del afuera. Creo que Gringa se venía formando hace tiempo, pero cuando se manifestó, fue en el momento justo. Escribo esto y me siento una esotérica del carajo, pero en realidad lo pienso como un verdadero resultado, claro, no acabado, pero sí de un proceso, un proceso genuino, propio, que respetó sus tiempos y que sobre todo tuvo siempre mucha fuerza. Mi cabeza viaja a una noche de verano santafesina, en el centro de una manzana del barrio de Candioti. Una cerveza fría, un porrito finito y amigas. Yo atravesando una crisis existencial disparada por un desamor. Betania sacó un libro cuasi biblia, y me lo presentó: era el I CHing, oráculo ancestral, poesía pura. Me dios tres moneditas que tiré sobre la mesa. Hizo un cálculo raro, abrió los ojos, me miró y me dijo que me había salido el primer hexagrama: K´un: Lo Creador. Seis líneas, todas paralelas y rectas. Una abajo de la otra. Fuerte, una síntesis del poder y la energía. Hablaba de la potencia de la perseverancia, de lo duradero. Y se representaba en una imagen que describía: Doble cielo. Pleno de fuerza es el movimiento de cielo. Pensé visualmente la fuerza que tiene que tener el cielo para oscurecerse y volverse a aclarar. Sacarse todo el color y ser luz pura. Esa imagen, fue claramente fortalecedora y me ayudó a transitar momentos de incertidumbre. Y que sin pensar, y sin querer, años después nombré a este emprendimiento con la idea de BRILLAR. Brilla Gringa, brilla. Podría resumir: deseo puro.



Desde que tengo recuerdos, el mundo de la indumentaria y el diseño siempre me gustó. Me acuerdo que tenía una valijita de plástico azul con unos dibujos medios ochentosos en el frente, llena de lápices, fibras, tijeras, que usaba cuando iba a la casa de mi tía abuela, para recortar revistas de moda. En mi casa no había esas revistas, pero en lo de Fanny sí, eran como revistas europeas, caras. Jugaba a elegir los modelos que más me gustaban y armaba mis propios desfiles. Ya de más grande, cuando me animé a dibujar, hacía diseños en figurines y los coleccionaba en una carpeta. Cuando llegó la adolescencia, mi programa favorito era Proyect RUN WAY y siempre me identificaba con el diseñador más excéntrico. Cuando empecé a salir, estaban de moda las prendas bordadas con lentejuelas, mostacillas. Me acuerdo que pasaba muchas horas bordando e interviniendo mis remeras. En esa época, no se hacía mucho eso, porque la moda era comprar y usar determinadas marcas, pero a mí me atraía la idea de hacer mis diseños. Los accesorios también me encantaban, tenía una colección de carteras que compraba en un local muy chiquito de santa fe, que tenía como objetos únicos y obvio, sin marca. No sé si ser gorda y que me cueste tanto conseguir ropa que me entre, hizo que busque mi propio estilo y lo resuelva como pueda, pero siempre intentando darle una actitud desde lo creativo. Ya en la facultad empezaron a aparecer los lugares que vendían ropa usada, y ahí sí encontré un nuevo amor. Emaus, era una especie de carpintería, que tenía unas mesas llenas y llenas de ropa usada, vintage, toda revuelta y a tan solo $1. Todo lo que se vendía era para un grupo de chicos en rehabilitación. Ir con Tina a buscar ropa ahí era pura aventura, encontrábamos altos tesoros.



Leyendo todo esto, entenderán que cuando estaba terminando la secundaria y tenia que elegir una carrera, la obvia era Diseño de Indumentaria, pero en Santa Fe la única opción que tenía era hacerla en la escuela de Roberto Piazza, su estética no me representaba y nunca la consideré una opción. Si había un lugar, era la UBA en Buenos Aires, pero tampoco estaba en mis posibilidades venirme a vivir acá. Así fue que me anoté en Licenciatura en Diseño de la Comunicación Visual, en la UNL. Mi mejor amiga iba a estudiar eso y dentro de las opciones que había era la que más me convocaba. Me  conformába saber que estaba relacionada a lo artístico y que decían que era una “carrera del futuro”, lo cual creo que tenían mucha razón. 


Y así fue, que sin querer, conocí una profesión que me encantó. Disfrute mucho la facultad y desde el primer año trabajé a la par en el Estudio de Diseño Gráfico de mi tía Rocio: Mashi Mashi. Eso fue clave para mí, porque me enseñó la practicidad y el poder de resolución. Además de que aprendí la relación con el cliente,  principalmente cómo entender el diseño para otro y no solo desde el punto de vista estético. 


En el último año de carrera, dejé el Estudio y entré a trabajar a una empresa de productos veterinarios para grandes y pequeños animales. Flasheé. Era una empresa grande, quedaba en un parque tecnológico y una combi me buscaba todas las mañanas para llevarme. Me conocí trabajando con equipos más grandes y de áreas muy diferentes. Les rediseñé todo, tenía muchísimas herramientas y posibilidades para hacer. Así que aproveché toda esa energía. Diseñé un sistema nuevo de packagings, desarrollé la imagen de nuevos productos, hicimos comerciales para televisión, editorial y también aprendí mucho de animalitos. Sinceramente lo disfruté un montón y trabajé en otra escala.


Paralelo a esto tenía un mini emprendimiento: ABOTONATE y llevame entre tus cosas... eran accesorios hechos con cables de teléfono reciclados y botones antiguos. Producto extraño y único, no sé si ganaba plata, pero por lo menos no la perdía, lo cual no es poco para un primer emprendimiento. Jugaba a hacer producciones de fotos con amigas, iba a ferias y empezaba a participar de un mundo que me gustaba.



En octubre del 2010, muy de un día para el otro, se me dio la posibilidad de venir a trabajar al área de diseño del Ministerio de Educación, para el Plan Quinquela, que fue la prueba piloto de lo que hoy es el Plan S@rmiento BA, el que incorpora netbooks y TICS en las escuelas primarias de la ciudad de Bs As. El 2011 fue entrega total a ese trabajo, a conocer mi nueva ciudad, y asentarme. Me vine a vivir a la casa de dos amigas que hoy considero hermanas: Compi y Nana. Fueron años de gloria, disfrute y mucha fantasía. Hice nuevos amigos, me volví un poco porteña para mis amigas de Santa Fe, pero nunca dejé de decir masitas y de comerme las S.


Después de un tiempo de acomodarme, pude empezar a hacer cursos. Recorrí varios: diseño de vestuario, escenografía, dirección de arte, fotografía, bordado, ilustración, producción de teatro y hasta pintura. Pero lo principal: arranqué terapia. Todos los jueves a las 17 h, puntual, estaba ahí, sentada enfrente de María para desarmarme. No me olvido más de la primera sesión, lloré como una nena. Empecé a mirarme, a frenar, a escarbar, enfrentar. Todo un trabajo interno que fue tan sanador y a la vez tan oscuro. En ese momento emprendí el camino del autoconocimiento, a animarme a ser quien quería ser, a seguir el camino de mi verdadero deseo. 


Resumiendo, podría decir que fueron años de pura búsqueda. Pero no sólo interior, con Compi, buscábamos alternativas a nuestro trabajo y armamos dos emprendimientos:

ONÍRICAS, cuadernos de sueños. La idea era de Compi, hacer cuadernos para tener en la mesita de luz y todas las mañanas escribir y/o dibujar lo que habíamos soñado. Los diseñamos muy hermosos, imprimimos creo que 100, vendimos unos cuantos, pero otros los regalamos. Podría animarme a decir que la mayoría. Ese era nuestro talón de aquiles con mi socia/amiga, regalábamos mucho. Pero nos divertíamos, siempre. 



CASA VENTANA, nuestra misma casa la abrimos por la tarde, cuando volvíamos de trabajar del Ministerio, como un espacio para dictar talleres. La inversión la sacamos de una bici que vendimos y que le robamos a un ladrón. Con esa plata compramos dos tablones con caballetes y sillas. Ese verano armamos formulario, convocamos talleristas, hicimos entrevistas y seleccionamos un equipo de profesores. Armamos toda la comunicación y gráfica. Con compi trabajamos siempre muy bien como dupla de comunicación. Ella escribía y yo lo dibujaba. Este fue un gran emprendimiento, fue un año hermoso de movimiento.



Paralelo a esto, seguía manteniendo el trabajo del Ministerio, porque siempre fue el ingreso madre que me permitía todo lo otro, pero a la vez me tenía super desmotivada y con ciertos conflictos internos por mi deseo de estar en lugares de deseo. Así que me choqué con la posibilidad de trabajar los sábados atendiendo en un local muy hermoso y único de zapatos: CHICCO RUIZ.  Ahí conocí un mundo que me enamoró por completo, el oficio, el arte y una tienda más que especial, y que se alejaba de cualquier local que podías encontrar en Buenos Aires. En ese momento fue el boom de Facebook para empresas, entonces en los momentos libres de la tienda, aprovechaba para hacer fotos, y comunicar lo que era esta marca tan particular y preciosa. Además que bordamos zapatos, hacíamos vidriera y conocía la sensibilidad de Lourdes, la diseñadora. Trabajé unos meses y la verdad que me cansaba mucho tener solo libre los domingos y le propuse a Luli seguir con la comunicación y dejar la atención al público. Así fue que trabajé varios años hasta que se unió con la marca DAM, y conocí a Carola, otra hada madrina de la que sigo aprendiendo hasta el día de hoy y es más que protagonista en la inspiración de Gringa. Y con la que también terminé trabajando en la parte de comunicación y redes de su marca. Este trabajo lo mantuve hasta el año pasado, porque lo quería mucho y fue el que más me costó soltar <3.



Después de Casa Ventana, y como se vencía nuestro contrato, me animé a irme a vivir sola y ahí podríamos decir que arrancó a concretarse Gringa. Fue un verano de desamor y desilusión. Poca plata y vacaciones cortas. Hice el taller El Ideatorio de OyeDeb, y estaba entre dos ideas: seguir capacitándome como Diseñadora Gráfica para sumar el servicio de diseño web o hacer algo con ropa, que era lo que desde chiquita quería hacer. Me acuerdo un ejercicio que fue muy simple, claro y revelador. Me hacía imaginar cómo sería mi día ideal de trabajo. Entonces supuse las dos opciones: si elegía seguir emprendiendo como diseñadora gráfica, me proyectaba teniendo mi estudio, alquilando un espacio, paseando con muchas reuniones de clientes, idas y vueltas, en conclusión, seguiría trabajando en diseños para otros…. o bien arrancando por primera vez mi emprendimiento de indumentaria, ir a once a buscar telas, hacer fotos, vender, diseñar, armar toda la comunicación, usar mis prendas… No lo tuve que pensar mucho más y me decidí por anotarme en el curso intensivo de diseño de lencería. Por qué lenceria? siempre me había gustado y pensé inteligentemente que al ser prendas chicas, iba a ser más fácil manipular el corte y no tenía tanta inversión, porque ahorros casi no tenía. 


Tendría que continuar contando los primeros pasos de Gringa, pero me los guardo para otras publicaciones. En este recorrido traté de simplificar y ordenar todo lo anterior. Y en este antes, hay tanto del hoy de Gringa... detalles visibles e invisibles, que son propios de todas estas historias. Puedo teletransportarme al sillón de María, y estar diciéndole angustiada que sentía que hacía tantas cosas, pero que todas eran diferentes y que no podía concretar en nada. Hoy si miro para atrás, revalorizo este proceso y entiendo que hay que confiar en esos caminos, tener la paciencia y perseverancia necesaria, que si una se mueve, nos vamos acomodando, conociendo, eligiendo. Mi ascendente taurino está más empoderado que nunca, hoy estoy acá parada como ese toro, con los pies bien firmes en la tierra, mirando para atrás y claro, siempre para delante.



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